Todo comenzó en la casa de su vecino, donde en el patio exterior tenía una canasta en la que se podía tirar horas y horas. Se pasaba muchísimas tardes jugando al baloncesto y practicando tiros, independientemente del momento del día o de la época del año que fuera. Si llovía llegaba mojado, si estaba embarrado el suelo no le importaba mancharse y si hacía frío jugaba con guantes. E incluso si nevaba, no renunciaba a su cita con el balón y el aro para seguir desarrollando un talento que a la larga no acabó pasando desapercibido.
No fueron pocas las veces que su madre le regañó por llegar tarde a cenar, todo porque se le pasaba el tiempo volando en aquella canasta imperturbable a la dedicación y a la diversión que, hasta ese momento, suponía ese espacio para nuestro protagonista. Tantas horas era las que pasaba jugando al baloncesto, que muchas veces se negaba a comer para seguir entrenando. Su obsesión llegó hasta tal punto que adelgazó mucho y tuvo que recurrir a vitaminas para poder suplir los nutrientes que no estaba ingiriendo con una dieta normal.
Su trabajo y amor por el deporte de la canasta no se iba a quedar en un patio embarrado de West Virginia. Aquel chico delgado y metódico hasta límites insospechados fue a la universidad de este estado y entró en el equipo de baloncesto, cuyos partidos escuchaba muchas veces por la radio en su casa tras jugar en su patio. En su etapa en los Mountanieers logró un promedio de anotación de 24,8 puntos por partido y fue nombrado dos veces en los mejores quintetos de la liga.

Pero lo que se empezó a ver en las canchas de todo el país no fue solamente a un jugador talentoso capaz de destacar por encima de la media. Jerry Alan West comenzó a erigirse como uno de los mejores jugadores de baloncesto de la historia que destacaba por su perfeccionismo y su afán de mejoría continua por ser cada día un poco mejor y para que las cosas le salieran lo mejor posible. Podía entrenar durante horas, repetir cada movimiento y lanzamiento lo que hiciera falta y estar pensando en cómo ser un mejor profesional cada día y cada temporada que pasaba de una manera muy poco vista en la historia de la NBA.
En el Draft de 1960 los Lakers pusieron su ojo en él y le ‘pescaron’ para reclutar en sus filas a un jugador diferente, pero que sobre todo iba a marcar una época en la mejor liga de baloncesto del mundo. West pasó toda su carrera, un total de 14 temporadas, en la franquicia oro y púrpura para acabar ganando un título de la NBA, para ser nombrado en el mejor equipo de la liga entre 1962-1967 y entre 1970-1973 de forma consecutiva en ambos periodos y para ingresar en el Hall of Fame de la NBA en 1980, entre otros logros importantes.
Todo lo realizado en su carrera le valió un ‘premio’ que pocos jugadores pueden presumir de ello y no es nada menos que los Lakers retiraran ese mítico dorsal ‘44’ en lo alto del Staples Center junto a otros grandes jugadores como Elgin Baylor o Wilt Cahmberlain y al que seguramente se una Kobe Bryant una vez acabe la presente temporada, motivo por el cual en Sportsmadeinusa.com estamos realizando este serial sobre los dorsales retirados por Los Angeles Lakers.
Regularidad por bandera y el anillo del ’72
Se retiró con una media de 27 puntos por noche, un acierto de cara al aro del 47,4% y un promedio de asistencias y de rebotes de 6,7 y 5,8 respectivamente. En todas las temporadas (excepto en la de rookie) promedió más de 20 puntos por partido, llegando incluso a superar los 30 puntos de media en cuatro temporadas. Su trabajo incansable y su dedicación por mejorar y querer hacerlo todo perfecto le llevó a ser muy regular en sus porcentajes de acierto. Siempre superó el 41% en cada temporada y consiguió superar el 50% en la campaña 1967-68, exactamente alcanzando un 51,4% de acierto hacia la canasta.
Aún así, algunas de las actuaciones más espectaculares que se recuerdan de Jerry West no proceden de la temporada regular, sino de los Playoffs y de las Finales. En la postemporada de 1965 promedió 40,6 puntos en once partidos y en la serie ante Baltimore consiguió anotar una media de 46,3 tantos por noche en los seis encuentros ante los Bullets. Sufrió en sus carnes el dominio de los Boston Celtics de la década de los 60, pero aún así se pudo enfundar el anillo de campeón de la NBA en 1972, una temporada donde los Lakers establecieron el récord aún vigente de las 33 victorias consecutivas. Ningún equipo hasta ahora, aunque algunos se han acercado, ha conseguido superar dicho registro.
«Cada vez que me ponía la camiseta de los Lakers me entraba una sensación tremenda de orgullo»— Jerry West
Un hecho curioso fue el que le ocurrió en las Finales de 1969. Jerry West y el equipo californiano se enfrentaban a los Boston Celtics en una de las series más emocionantes que se recuerdan. Los Lakers ganaron los dos primeros partidos, algo que los de Massachusets consiguieron igualar tras la disputa del 4º encuentro. La Final se acabó decidiendo en el 7º y definitivo partido y se acabó decantando para el lado de los de Boston. Aún así, el premio del MVP de aquellas Finales fue para Jerry West –que acabó con una media de 37,9 puntos por partido– una circunstancia rara de ver hoy en día, pues el MVP suele ser un jugador del equipo que gana el título.
Poco más hay que comentar en lo que fue la carrera de este jugador que jugó 14 años en la NBA y que fue elegido para jugar en el All-Star Game 14 veces. Sí, participó todos los años que estuvo en activo, un hito del que muy pocos pueden presumir. Estuvo en su año de rookie en el de Syracuse (NY) y así sucesivamente en los partidos de las estrellas de St. Louis, Cincinnati, San Francisco y Filadelfia, entre otros, hasta el último que participó en Inglewood (California) en 1974.

Una carrera plasmada para la eternidad
Si hay un recorrido por el baloncesto profesional que hoy en día se puede ver físicamente en multitud de sitios, pocos podrán ser parecidos al que tiene el gran ex ‘44’ de Los Angeles Lakers, no sólo por las estadísticas y por su estilo de juego, sino por el impacto que aún sigue creando en la actualidad.
Como muchos sabrán, el jugador que aparece en el actual logo de la NBA es nada más y nada menos que Jerry West. El elegido es él puesto que en 1969 la NBA tenía en su máximo rival a la ABA, liga que acabaría desapareciendo en 1976. Para poder competir con ella, pensaron que tenía que tener un logo que institucionalizara la competición y que no la individualizara. Recurrieron a Alan Gale y a su empresa Siegel+Gale y dieron con la clave al ver una foto de West. Se inspiraron en ella y esa instantánea generó la silueta que hoy en día aún decora en logo de la liga.
Aunque esta imagen es icónica y familiar para todos, no han sido pocos los que se han planteado si la silueta debería pertenecer a West o a otro jugador. A esta ola de sugerencias se unió el propio West el pasado mes de octubre, cuando declaró que en el logo debería aparecer Michael Jordan y no él.

Pero esto no es todo. Si alguien quiere ver algún recuerdo de Jerry West como jugador, puede acercarse al Staples Center y no sólo para ver su dorsal retirado dentro del pabellón. Para ver la estatua que en 2011 los Lakers instalaron en el pabellón solamente hay que acercarse a los exteriores del recinto para contemplar e incluso fotografiarse con la escultura de bronce hecha en su honor.
No es el único lugar donde tiene una estatua hecha en su honor. En West Virginia, donde comenzó su carrera como jugador de baloncesto, construyeron también una que fue inaugurada en 2007. Dos años antes, el 26 de noviembre de 2005, la Universidad también retiró su dorsal número ‘44’ de los Mounatnieers a lo más alto de su pabellón antes de un partido ante Louisiana State University.
Sin duda alguna, ha sido y es una leyenda muy querida en los dos equipos en los que jugó en su carrera en el baloncesto. La dedicación a su pasión la dividió en dos partes, una en la liga universitaria y otra en la NBA. Cada una de esas etapas la cuidó y la trabajó como a él le gustaba. Con trabajo y con esfuerzo, pero también con ese toque de perfección y con una labor incansable por alcanzar la excelencia que al final hizo que su nombre aún siga reluciendo en lo más alto de la historia del baloncesto norteamericano.